Editorial

Editorial: Tres premios Nobel para entender cómo pensamos y cómo decidimos
En Acción Subjetiva partimos de una premisa simple: las personas no toman decisiones como modelos perfectos de racionalidad, sino como seres humanos con límites, atajos, rutinas y contextos estructurados que condicionan su comportamiento.
Para comprender esto con rigor, retomamos tres aportaciones fundamentales de tres Premios Nobel de Economía. Cada una ilumina un aspecto distinto del comportamiento humano y, juntas, ofrecen una base sólida para intervenir tanto en las decisiones individuales como en los procesos organizacionales.
1. Herbert A. Simon: la racionalidad limitada
Simon rompe con la idea de que el ser humano decide optimizando. Su propuesta es clara: la racionalidad humana opera con información incompleta, tiempo limitado y capacidades cognitivas restringidas.
Por ello, las personas no eligen la “mejor opción posible”: eligen la opción que basta, la que satisface lo mínimo para avanzar.
En Acción Subjetiva adoptamos este marco para entender cómo, en la vida personal y profesional, las personas procesan la información con filtros, omisiones y restricciones que deben identificarse y corregirse si quieren tomar decisiones más coherentes.
2. Daniel Kahneman: sesgos y heurísticas
Kahneman profundiza donde Simon abrió el camino. Explica cómo decide la mente cuando no puede procesar todo. Describe los sesgos cognitivos —errores sistemáticos en el juicio— y las heurísticas —atajos mentales— que usamos para simplificar la realidad.
Desde prejuicios inconscientes hasta ilusiones de control, estos mecanismos distorsionan la percepción, la memoria y la evaluación de opciones.
En Acción Subjetiva empleamos este enfoque para detectar los patrones que llevan a decisiones impulsivas, inconsistentes o autocentradas, tanto en personas como en equipos.
3. Douglass North: rutinas institucionales y la distinción entre organización e institución
North amplía la mirada hacia el entorno. Distingue entre instituciones (las reglas formales e informales que gobiernan el comportamiento) y organizaciones (los grupos humanos que operan dentro de esas reglas).
Además, subraya el papel de las rutinas institucionales, prácticas que se repiten sin análisis y que moldean los resultados tanto como las capacidades individuales.
En Acción Subjetiva tomamos este marco para comprender cómo las estructuras, los incentivos y las rutinas colectivas condicionan el pensamiento y la acción, generando fricciones, asimetrías y decisiones deficientes que no dependen únicamente de los individuos, sino del sistema en el que operan.
Una base para la eficacia real
Al integrar estos tres enfoques —racionalidad limitada, sesgos cognitivos y estructuras institucionales— obtenemos una visión más completa del comportamiento humano. Ni las personas, ni los equipos, ni las organizaciones se pueden entender con modelos idealizados.
En Acción Subjetiva utilizamos este marco para diseñar diagnósticos, análisis y acompañamientos que permiten a individuos y organizaciones tomar decisiones más eficaces, más eficientes y más alineadas con la realidad.
Porque mejorar la toma de decisiones no es un acto de voluntad:
es un proceso de comprender cómo pensamos, cómo actuamos y en qué contexto lo hacemos.


